Jeremías 29:18
Y perseguirélos con espada, con hambre y con pestilencia; y darélos por escarnio á todos los reinos de la tierra, por maldición y por espanto, y por silbo y por afrenta á todas la gentes á las cuales los habré arrojado;
Referencia cruzada
En Jeremías 29:22, los exiliados usan a estos hombres como fórmula de maldición — cumpliendo directamente el estatus de 'maldición' del versículo 18.
Jeremías 29:17 precede inmediatamente a este versículo, repitiendo la misma tríada de espada, hambre y peste y la metáfora de los higos podridos.
Jeremías 34:17 combina la tríada de espada, peste y hambre con la frase 'motivo de horror' — un paralelo cercano al juicio de 29:18.
En Jeremías 25:9, Dios usa el lenguaje idéntico de 'horror y escarnio' para la destrucción de Judá por Babilonia.
Jeremías 24:9 repite el mismo lenguaje: horror, oprobio, refrán, maldición — reforzando el destino de los higos malos.
En Jeremías 19:8, Dios pronuncia el mismo juicio sobre Jerusalén — ser objeto de escarnio y horror para los transeúntes.
Jeremías 15:4 usa la frase idéntica 'los entregaré para que sean motivo de horror en todos los reinos de la tierra' — vinculando la misma maldición al pecado de Manasés.
En Jeremías 26:6, Dios amenaza con hacer de Jerusalén 'maldición entre todas las naciones' — el mismo destino que en 29:18.
En Jeremías 42:18, la misma fórmula de maldición — 'maldición, horror, escarnio, oprobio' — se aplica a los que huyen a Egipto.
En Jeremías 38:2, la misma tríada de espada, hambre y peste se da para los que se quedan en Jerusalén, reflejando el juicio en 29:18.
Jeremías 14:12 también amenaza con espada, hambre y peste como juicio divino sobre un pueblo impenitente.
En Lucas 21:24, Jesús repite el mismo patrón de espada, cautiverio y dispersión entre las naciones como juicio.
Lamentaciones 2:15 muestra a los transeúntes burlándose de Jerusalén, cumpliendo la profecía de ser objeto de horror y escarnio.
Lamentaciones 2:16 muestra a los enemigos regocijándose y burlándose, coincidiendo con el oprobio y escarnio profetizados aquí.
En Ezequiel 12:15, Dios dice que los esparcirá entre las naciones para que sepan que Él es Jehová — el mismo juicio que Jeremías pronuncia.
En Ezequiel 22:15, la dispersión entre las naciones se combina con la purificación de la inmundicia, reflejando la maldición de Jeremías con un propósito redentor.
En Ezequiel 36:19, Dios recuerda haber esparcido a Israel entre las naciones como juicio pasado, coincidiendo con el evento futuro que Jeremías predice.
En Zacarías 7:14 se describe el mismo juicio de dispersión: Dios los esparce entre las naciones, dejando la tierra desolada.
Isaías 65:15 también promete que los desobedientes serán maldición y refrán, mientras los fieles reciben un nombre nuevo.
2 Crónicas 7:19-22 advierte que la infidelidad hará de Israel objeto de horror y escarnio entre las naciones, la misma amenaza aquí.
En 1 Reyes 9:8, el templo convertido en ruina que horroriza a los transeúntes se asemeja al horror y escarnio en Jeremías.
En 1 Reyes 9:7, Dios advierte que Israel será refrán y objeto de burla — la misma consecuencia que Jeremías pronuncia.
En Deuteronomio 29:21-28, la maldición del pacto de ser desarraigados y hechos refrán es la base del lenguaje de juicio de Jeremías.
En Deuteronomio 28:64, la maldición del pacto de ser esparcidos entre todas las naciones es el mismo destino que Jeremías describe para los exiliados.
En Deuteronomio 28:25, la maldición de ser 'motivo de horror para todos los reinos' coincide con el lenguaje de Jeremías de ser objeto de horror entre las naciones.
En Levítico 26:33 se detalla esta misma maldición del pacto: dispersión entre las naciones con espada persiguiendo, que Jeremías aplica a los exiliados.
Salmos 89:41 describe al rey convertido en escarnio de sus vecinos, un destino similar de oprobio entre las naciones.
Zacarías 8:13 alude directamente a la maldición de 29:18, prometiendo que se convertirá en bendición.
Levítico 26:25 es la maldición del pacto que amenaza con espada y pestilencia por quebrantar el pacto, reflejada en este juicio.
En Salmos 44:11, el salmista lamenta ser esparcido entre las naciones — el mismo resultado que Jeremías advierte como castigo divino.
Nehemías 1:3 informa la desgracia y aflicción de los exiliados que regresaron, resultado del juicio declarado aquí.
En 2 Crónicas 29:8 se recuerda el mismo juicio divino: Dios hizo de Judá objeto de horror y escarnio, tal como profetiza Jeremías.
En Ezequiel 6:8 aparece la misma dispersión entre las naciones, aunque Ezequiel se enfoca en un remanente librado de la espada.
En Amós 9:9, Dios sacude a Israel entre las naciones como grano en un cedazo — la misma dispersión pero con una metáfora de criba, no solo castigo.