Ezequiel 16:20
Demás de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que me habías engendrado, y los sacrificaste á ellas para consumación. ¿Es poco, esto de tus fornicaciones?
Referencia cruzada
Ezequiel 16:36 vuelve al sacrificio de niños del versículo 20 — 'la sangre de tus hijos' — vinculando ambos pasajes en la misma alegoría extendida.
Ezequiel 16:36 repite la acusación incluyendo 'la sangre de tus hijos' — un eco directo dentro de la misma profecía.
Ezequiel 23:39 repite el lenguaje de Ezequiel 16:20, acusándolos de sacrificar los hijos que dieron a luz para Dios.
Ezequiel 23:37 repite la frase 'hijos que me habían dado' y los acusa de ofrecerlos a ídolos, idéntico a Ezequiel 16:20.
Ezequiel 20:31 condena hacer pasar a los hijos por el fuego, un paralelo directo al sacrificio infantil en Ezequiel 16:20.
Ezequiel 20:26 dice que Dios los entregó a contaminarse ofreciendo primogénitos, paralelismo directo con el sacrificio infantil en Ezequiel 16:20.
Ezequiel 23:4 usa la misma metáfora de hijos nacidos para Dios, presentando a Samaria y Jerusalén como hermanas que tienen hijos e hijas, eco del pacto violado.
Isaías 57:5 describe matar niños bajo árboles frondosos — otro testimonio profético de la misma práctica.
Miqueas 6:7 pregunta retóricamente si se requiere dar al primogénito, mostrando la mentalidad que llevó a tales sacrificios.
Jeremías 32:35 vincula este sacrificio con Moloch en el valle de Hinom, dando el ídolo específico.
Jeremías 7:31 menciona a Tofet en el valle de Hinom donde quemaban hijos e hijas — el mismo pecado.
Salmos 106:38 añade que esto derramó sangre inocente de niños, enfatizando la violencia y la culpa.
Salmos 106:37 declara explícitamente que sacrificaron hijos e hijas a demonios, identificando la fuente espiritual de este mal.
En 2 Crónicas 33:6, Manasés también hizo pasar a sus hijos por el fuego en el valle de Hinom.
En 2 Reyes 16:3, el rey Acaz también sacrificó a su hijo en el fuego — un caso histórico específico de esta abominación.
Éxodo 13:2 ordena consagrar a Dios todo primogénito, contrastando con el sacrificio de ellos a los ídolos en Ezequiel 16:20.
Jeremías 19:5 condena explícitamente quemar hijos como ofrendas a Baal — la misma práctica en Ezequiel 16:20.
2 Crónicas 28:3 relata que Acaz quemó a sus hijos como ofrendas — el mismo pecado del que Dios acusa a Jerusalén aquí.
Levítico 20:2 prescribe la muerte por dar hijos a Moloch — la misma práctica que Ezequiel 16:20 condena.
Génesis 17:7 establece el pacto de Dios con Abraham y su descendencia, mostrando que los hijos en Ezequiel 16:20 son herederos del pacto, haciendo de su sacrificio una traición.
Éxodo 13:12 refuerza la consagración de los primogénitos a Jehová, oponiéndose directamente al sacrificio infantil descrito en Ezequiel 16:20.
Deuteronomio 29:12 describe la entrada al pacto, subrayando que los niños estaban incluidos en la relación jurada con Dios, violada por el sacrificio.
Deuteronomio 29:11 incluye a los pequeños en la asamblea del pacto, destacando que los niños sacrificados eran parte del pueblo del pacto de Dios.