Esdras 6:12
Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya todo rey y pueblo que pusiere su mano para mudar ó destruir esta casa de Dios, la cual está en Jerusalem. Yo Darío puse el decreto: sea hecho prestamente.
Referencia cruzada
Esdras 6:13 registra la obediencia inmediata al decreto de Darío, demostrando el cumplimiento de su mandato.
Esdras 7:15 hace eco del concepto de Esdras 6:12 sobre la morada de Dios en Jerusalén, mientras el rey ofrece plata y oro para el templo.
Deuteronomio 12:5 ordena buscar el lugar donde Dios pone Su nombre, paralelamente directo a la afirmación de Esdras de que Dios hizo habitar allí Su nombre.
Deuteronomio 12:11 repite la frase 'hacer habitar allí su nombre' para el santuario central, coincidiendo con la redacción de Esdras sobre el templo.
Deuteronomio 16:2 vincula la Pascua con el lugar donde Dios hace habitar Su nombre, reforzando el mismo tema de presencia divina en Esdras.
1 Reyes 9:3 registra que Dios consagró el templo poniendo allí Su nombre para siempre, idéntico en concepto a la invocación de Esdras de que Dios habita allí.
2 Crónicas 7:16 igualmente declara que Dios escogió y consagró la casa para que Su nombre estuviera allí, haciendo eco directo de la petición de Esdras.
Salmos 132:13 explica por qué Dios protege el templo: escogió a Sión como Su morada, fundamentando la amenaza del decreto en la elección misma de Dios.
Salmos 132:14 refuerza el reposo permanente de Dios en Sión, justificando el severo juicio contra quien ose destruir Su morada escogida.
Salmos 137:8 pronuncia destrucción sobre Babilonia, que destruyó el primer templo; el decreto hace eco de la retribución de Dios contra quienes atacan Su casa.
Isaías 60:12 promete que las naciones que no sirvan a Sión perecerán, alineándose directamente con la amenaza del decreto contra quienes alteren el templo de Dios.
Deuteronomio 12:21 habla del lugar que Dios escoge para poner Su nombre, al cual Esdras 6:12 se refiere como Dios haciendo habitar Su nombre.
1 Crónicas 22:7 registra el deseo de David de construir el templo, la misma casa que Dios protege después en el decreto de Esdras.