1 Juan 3:15
Cualquiera que aborrece á su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí.
Referencia cruzada
En 1 Juan 3:10, no amar al hermano te marca como no siendo de Dios — esto fundamenta la afirmación de 3:15 de que el odio equivale a asesinato y pierde la vida eterna.
Génesis 27:41 da un ejemplo concreto de odio (el rencor de Esaú contra Jacob) que coincide con el principio 'odio = asesinato'.
Levítico 19:16-18 prohíbe explícitamente odiar al israelita y manda amar, trasfondo de la declaración 'odio es asesinato'.
2 Samuel 13:22-29 muestra el odio de Absalom hacia Amnón culminando en asesinato, ilustrando que el odio equivale a asesinato.
En Mateo 5:21, Jesús cita el mandamiento contra el asesinato que Juan interioriza como odio.
En Mateo 5:22, Jesús equipara la ira con asesinato, la misma interiorización que Juan aplica al odio.
En Marcos 6:19, el odio de Herodías lleva a intención asesina, un ejemplo narrativo de la enseñanza de Juan.
En Hechos 23:12, una conspiración para matar a Pablo muestra el odio impulsando el asesinato, ilustrando el punto de Juan.
En Gálatas 5:21, el odio está entre las obras de la carne que impiden heredar el reino, reforzando que el odio pierde la vida eterna.
En Santiago 4:2, el deseo lleva a matar, paralelo directo a la afirmación de Juan de que el odio es asesinato.
En Apocalipsis 21:8, los asesinos están entre los destinados a la muerte segunda, confirmando el destino de los que odian.
En Zacarías 7:10, Dios manda no tramar mal contra el prójimo, paralelo directo a la prohibición del odio que lleva a asesinato.
En Deuteronomio 15:9, ser hostil hacia el hermano pobre es condenado como pecado, reforzando que el odio es grave.
En Mateo 5:28, Jesús interioriza el adulterio como lujuria, un principio paralelo pero sobre un pecado diferente.
Efesios 4:31 ordena dejar la amargura, el enojo, la ira y la malicia — las mismas actitudes que subyacen al odio condenado aquí.
En Santiago 1:15, el deseo da a luz pecado, y el pecado trae muerte, una progresión similar del pecado interno a la muerte.