Salmos 109:28
Maldigan ellos, y bendice tú: levántense, mas sean avergonzados, y regocíjese tu siervo.
Referencia cruzada
En Salmos 109:17, el impío amó la maldición; el versículo 28 contrasta eso con la bendición de Dios que anula sus maldiciones.
En Salmos 6:10, el salmista ora para que los enemigos sean avergonzados, la misma petición imprecatoria que en este versículo.
En Salmos 35:26, el salmista pide que los enemigos sean vestidos de vergüenza, una oración imprecatoria paralela por justicia divina.
En Números 22:12, Dios prohíbe a Balaam maldecir a Israel porque están benditos, mostrando que la bendición de Dios anula las maldiciones humanas.
En Números 23:20, Balaam dice que no puede revocar la bendición de Dios, en paralelo directo con 'maldigan ellos, pero tú bendice'.
En Números 23:23, Balaam declara que ningún encantamiento puede dañar a Israel, haciendo eco de que la bendición de Dios anula las maldiciones.
En 2 Samuel 16:10-13, David acepta la maldición de Simei, confiando en la bendición de Dios, un paralelo directo con la confianza del salmista.
En Isaías 65:13-16, Jehová promete bendición para sus siervos y vergüenza para los malvados, reflejando el contraste entre maldición y bendición del salmo.
En Hebreos 12:2, Jesús desprecia la vergüenza por el gozo puesto delante de Él, reflejando la confianza del salmista en que la bendición de Dios vence las maldiciones.
En 2 Samuel 16:5, Simei maldice a David, quien confía en la soberanía de Dios, reflejando directamente la oración del salmista de ser bendecido pese a las maldiciones.
En Nehemías 13:2, Dios convirtió la maldición de Balaam en bendición, exactamente la misma dinámica de 'ellos maldicen, pero tú bendices'.
En Proverbios 26:2, una maldición sin causa no llega, explicando por qué el salmista puede confiar a pesar de las maldiciones de los enemigos.
En Apocalipsis 18:20, los santos se regocijan por el juicio de Babilonia, reflejando el gozo del salmista cuando Dios lo vindica contra sus enemigos.
En Números 22:6, Balac busca la maldición de Balaam contra Israel, una maldición humana que el salmista confía que Dios anulará con bendición.
En Jeremías 15:10, Jeremías se lamenta de ser maldecido pese a su inocencia, una situación injusta similar, aunque él se lamenta en vez de orar por bendición.
En Juan 16:22, Jesús promete un gozo que nadie puede quitar, similar a la confianza del salmista de que el siervo se alegrará a pesar de las maldiciones.