Eclesiastés 2:15
Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio me sucederá también á mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.
Referencia cruzada
En Eclesiastés 2:1, el Predicador comienza a probar el placer; aquí concluye que la sabiduría también produce vanidad — ambas partes del mismo experimento.
En Eclesiastés 1:2, 'vanidad de vanidades' es el tema del libro; aquí el Predicador repite ese veredicto sobre el destino del sabio.
En Eclesiastés 1:14, todo es vanidad y aflicción de espíritu; aquí la misma conclusión se aplica específicamente a la sabiduría y la necedad.
En Eclesiastés 9:11, el tiempo y la casualidad afectan a todos, paralelo a que el sabio y el necio comparten el mismo destino, reforzando que la sabiduría no da ventaja.
En Eclesiastés 1:18, la sabiduría trae aflicción y dolor — paralelo al destino del sabio que iguala al del necio, haciendo vana la sabiduría.
En Eclesiastés 1:16, el Predicador reflexiona de manera similar sobre su gran sabiduría, estableciendo el mismo contexto introspectivo que su conclusión sobre la futilidad de la sabiduría aquí.
En 1 Corintios 15:55, Pablo declara que la victoria de la muerte es anulada, opuesto al lamento de Eclesiastés de que la muerte nivela a todos sin distinción.
1 Reyes 3:12 registra que Dios concedió a Salomón una sabiduría sin igual — el mismo don que el Predicador aquí cuestiona como finalmente fútil junto al destino del necio.