Mateo 23:30
Y decís: Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas.
Referencia cruzada
En Mateo 23:34, Jesús predice que matarán a los profetas que él envíe, oponiéndose a su afirmación de que nunca lo harían.
En Mateo 23:35, Jesús dice que ellos cargan con la culpa de toda sangre justa, contradiciendo su afirmación de inocencia.
En Mateo 23:37, Jesús acusa directamente a Jerusalén de matar profetas, contradiciendo la afirmación de los fariseos.
En Mateo 21:35, la parábola muestra a los labradores matando a los siervos, patrón de matar profetas que los fariseos dicen haber evitado.
Mateo 27:25 muestra al pueblo asumiendo la responsabilidad por la sangre de Jesús, cumpliendo el patrón que los fariseos decían evitar.
En Mateo 21:36, más siervos son enviados y muertos, reforzando el repetido rechazo a los profetas que los fariseos niegan.
En Jeremías 2:30, Dios dice que Israel devoró a sus profetas, contradiciendo directamente la afirmación de los fariseos.
En 2 Reyes 21:16, Manasés derramó sangre inocente, ejemplo histórico del asesinato ancestral que los fariseos niegan haber apoyado.
Jeremías 26:15 advierte que matar a un profeta trae sangre inocente sobre la ciudad, exactamente el pecado que los fariseos dicen evitar.
Apocalipsis 16:6 describe el derramamiento de sangre de santos y profetas, el mismo pecado del que los fariseos se declaran inocentes.
En 2 Crónicas 36:15, Dios envía mensajeros repetidamente, trasfondo del ministerio profético que los fariseos dicen haber respetado.
En Salmos 50:18, Dios reprende a quienes se declaran inocentes pero se juntan con pecadores, reflejando a los fariseos.
En 2 Crónicas 29:6, los antepasados son confesados como infieles, contrastando con la suposición de inocencia de los fariseos.
En Esdras 9:7, se confiesa gran culpa de los antepasados, oponiéndose a la afirmación de los fariseos de ser inocentes.
Zacarías 1:2 recuerda la ira de Dios contra los antepasados, los mismos que los fariseos niegan en su afirmación sobre los profetas.
La parábola de Lucas 20:11 muestra a siervos (profetas) siendo golpeados, eco del rechazo ancestral a los profetas que los fariseos niegan.