Proverbios 10:19
En las muchas palabras no falta pecado: mas el que refrena sus labios es prudente.
Referencia cruzada
Proverbios 17:27 elogia la moderación al hablar, reforzando directamente la sabiduría de refrenar la lengua.
Proverbios 17:28 dice que el silencio puede hacer parecer sabio al necio, apoyando el valor de refrenar la lengua.
Proverbios 11:12 dice que el hombre entendido calla, apoyando directamente el valor de refrenar los labios.
Proverbios 12:23 contrasta el ocultamiento prudente con la proclamación necia, paralelizando la moderación frente a las muchas palabras.
Proverbios 13:3 advierte que guardar la boca preserva la vida, una versión más fuerte del mismo principio.
Proverbios 15:28 destaca pensar antes de responder, reflejando la moderación prudente del habla.
Proverbios 21:23 refuerza que guardar la lengua libra de problemas, la misma moderación prudente que se insta aquí.
Proverbios 18:21 declara que la lengua tiene poder de vida y muerte, ampliando las consecuencias de las muchas palabras.
Santiago 3:2 destaca que controlar la lengua es señal de perfección, conectando con la sabiduría de refrenar la lengua aquí.
Santiago 1:19 repite este tema: 'pronto para oír, tardo para hablar' coincide con el llamado a refrenar los labios.
Eclesiastés 10:14 afirma que el necio multiplica palabras, haciendo eco de la advertencia de que muchas palabras traen pecado.
Eclesiastés 5:3 advierte que las muchas palabras acompañan la voz del necio, reforzando la sabiduría de la moderación.
Salmos 39:1 resuelve guardar la lengua del pecado, reflejando la sabiduría de refrenar el habla aquí.
Job 11:2 pregunta directamente si la 'multitud de palabras' no ha de ser respondida, reforzando que muchas palabras llevan a error.
Santiago 1:26 repite este tema, advirtiendo que una lengua sin freno hace vana la religión, un llamado del NT a controlar el habla.
Eclesiastés 5:2 aplica la misma precaución a la oración: sean pocas las palabras ante Jehová, profundizando el llamado a la moderación.
Eclesiastés 10:13 describe cómo las palabras del necio comienzan como necedad y terminan en maldad, ilustrando el pecado de las muchas palabras.
Job 29:9 describe a príncipes refrenando el habla, un ejemplo positivo de prudencia y silencio.
Job 9:20 muestra un peligro similar: su propia boca lo condena, ilustrando cómo las muchas palabras traen transgresión.